Explorando Creencias Personales en la Terapia

Carlos Durana Ph.D., M.Ac. offers counseling and therapy services in Reston, Virginia and Bethesda, Maryland.

Nuestra experiencia de la realidad está determinada por las creencias que mantenemos sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Las creencias son como espectáculos a través de los cuales vemos, o como ataduras alrededor de nosotros los cuales representan los límites de nuestra experiencia. Nuestras emociones y comportamiento están profundamente influenciados por las ideas y creencias que mantenemos como verdades. Muchas de nuestras creencias representan nuestra aceptación de posiciones que no resultan de la experiencia personal sino que son el producto de las sugerencias hechas por nuestros padres y/o por la sociedad. En nuestro proceso de entendimiento tal vez aceptamos muchas ideas y reglas que simplemente no pueden estar en harmonía con nuestra naturaliza interna, aquellas creencias que no necesariamente son el resultado de nuestra elección. Estas creencias pueden ser inconscientes y continúan afectando la manera como pensamos y sentimos. Por lo tanto, controlan nuestras vidas sin que lo sepamos: tal vez estemos apenas conscientes de algunos conflictos internos, dolor, problemas de salud, etc. Aún cuando puedan ser falsas o limitantes, continuamos adoctrinándonos a creerlas. La responsabilidad para cambiar es de nosotros mismos. Con frecuencia vemos estas creencias como un hecho de la vida, y no  como creencias sobre la vida. Algunas creencias están interconectadas, formando estructuras complejas. Estas son creencias arraigadas o fuertes ideas sobre nuestra experiencia. Esta estructura compleja o sistema de creencias forman nuestro concepto de nosotros mismos y nuestra visión del mundo. Muchas de nuestras creencias pueden generar emociones negativas. Estas mismas creencias pueden causar enfermedad también. Estas creencias tienden a incluir generalizaciones exageradas, negación del valor de sí mismo, valores defectuosos, metas imposibles, etc. aquí presento algunos ejemplos de creencias limitantes: Estoy enfermo y siempre lo voy a estar, no le gusto a la gente, no puedes confiar en la gente, nunca puedo hacer lo que quiero hacer, la naturaleza humana es mala, no soy bueno, lo que hago es insignificante, es un mundo de ojo por ojo, etc. Al hacernos conscientes de nuestras creencias podemos escoger entre el retener la creencia, cambiarla o descartarla totalmente. Esto nos da un mayor sentido de control, responsabilidad y libertad para nuestra vida. También puede que nos provea del ímpetu necesario para sanar una enfermedad o inclusive re direccionar el curso de nuestras vidas. Muchas de las dificultades por las cuales la gente viene a verme a la terapia tienen sus raíces en creencias que son limitantes  disfuncionales. Recientemente comencé a ver a una paciente (vamos a llamarla Leah) que estaba teniendo dificultades en su relación íntima. Ella es inteligente, capaz, cálida y cariñosa, pero carecía de la confianza en su relación íntima y en su trabajo. Leah decía “Siempre he sido demasiado simpática, me gusta complacer a la gente y ponerlos antes que a mí misma”. Descubrí que ella tenía miedo del conflicto en su relación, en su familia, y en su trabajo. Su enorme deseo por obtener aprobación le prevenía de confrontar a su novio cuando él la trataba irrespetuosamente. Y en el trabajo tenía miedo de levantarse y defender sus ideas. En las sesiones de terapia exploramos estos problemas y los examinamos cuidadosamente a través de las capas de creencias personales, ella comprendió que por detrás de su deseo de tener aprobación había un miedo terrible de pasar vergüenza y una creencia de que ella no era suficientemente buena, que no tenía valor. Leah comenzó a observar como se veía a sí misma, a su relación y su trabajo a través de esos lentes, y esos filtros no solo crearon un gran sufrimiento si no que le impidieron ver la riqueza que había dentro de ella misma.

NUESTRA INTELIGENCIA EMOCIONAL: el objetivo y las tareas de las emociones

OCTUBRE 22, 2013 POR CARLOS DURANA
Nuestra vida emocional es la base de nuestra inteligencia interpersonal, de nuestra capacidad de relacionarnos con los demás de formas creativas y satisfactorias. Como una forma de conocimiento intuitivo, nuestras emociones juegan un papel vital en la comunicación, en satisfacer nuestras necesidades, en la intimidad y el raciocinio. Las emociones llevan consigo una energía e información que tienen el poder de sanarnos y protegernos.

Aprender el rol que nuestras emociones juegan en nuestra salud así como nuestro crecimiento en la sanación de eventos emocionales no resueltos, mejora nuestra habilidad para protegernos de manera saludable, para ser abiertos y seguros.

Con frecuencia vemos las emociones en términos de buenas o malas emociones: regocijo y perdón son buenas, miedo y rabia no lo son, etc. Sin embargo todas nuestras emociones contienen información, cada una con su propio carácter, energía y propósito. Las emociones pueden ser vistas como energías que protegen y fortalecen nuestro cuerpo. Si honramos nuestras emociones, podemos usarlas como un camino para nuestro crecimiento. Cada una de nuestras emociones puede ser vista como una una forma de incorporar un objetivo y para satisfacer una tarea. Los problemas aparecen cuando nos “quedamos pegados” a nuestras emociones, del carecer de un movimiento emocional natural de adaptación, y de proteger el origen de nuestras emociones hacia otros, por ejemplo, al no reconocer nuestra rabia y protegiendo a los otros de ella, o viendo el origen de la alegría y amor como algo que existe en los demás pero no en nosotros mismos. Todos estos patrones causan problemas los cuales llevan a la gente a hacer terapia o a terapia de pareja.

Veamos unas cuantas emociones claves. Una rabia saludable o la complacencia promueven la acción en ser nosotros mismos y el discernimiento, remueve obstáculos para crecer y protegernos al alertarnos de las violaciones a nuestros límites. La rabia ayuda a restaurar nuestros límites una vez que una violación ha ocurrido y a afirmar nuestras necesidades y puntos de vista. Las derivaciones de la rabia tales como los celos, el disgusto, la furia, rabia y odio emanan de la carencia de un movimiento (sin quedarse pegado) saludable de la energía natural llevada por la rabia/complacencia.

Carlos Durana Ph.D., M.Ac. offers counseling and therapy in Bethesda, MD and Reston, VA

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*